martes, 30 de agosto de 2011

CARRIÓN DE LOS CONDES - TERRADILLOS DE LOS TEMPLARIOS

 Es una etapa cruda. En ella, un gran muro, mitología de este camino; esos 17 largos kilómetros sin pueblos, sin fuentes, sin sombras. Un muro para los más débiles. Un paraíso para los solitarios, un reto para los que llegan a Carrión como penúltima estación. Pepe marcha con pies que no son suyos, Johannes se ha separado de Martin, la americana de Texas expones sus gafas de corazones al sol, las hermanas holandesas siguen su tren, Isaac apura sus fuerzas, y nosotros... como Saulo en el desierto, caidos del caballo, encontramos un pie. Empezamos a hacer entrevistas. ¿Y si...? Así empieza este comienzo que nos ilusiona hasta haber reconvertido el Camino en otro Camino. Entrevistamos a Isaac, entrevistamos a Pepe, entrevistamos a Pablo. Nos entrevistamos, pues. Confundimos de entrada sujeto y objeto. Y desde entonces, a otro y otro y otro peregrino, la americana, el americano, Martin, la gente que observa el paso de aquellos, los dueños de los locales, hospitaleros... La conversación deviene otra, la respuestas van más profundo de lo que lo hacen en lo cotidiano. Nosotros vemos más, vemos mejor. Ampliamos y ampliamos el horizonte ayudados por una cámara que filma. Pero, hay que preguntarse muchas cosas, claro, cómo empezar, cómo pedir permiso, cómo consguir que hablen, qué preguntas hacer, cómo dirigirlas. Pero sobre todo, me digo, ¿de dónde viene este nuevo fin, que parece ser un fin verdadero, un fin propio, algo inesperado?
 En los últimos días, algunas pequeñas experiencias derivadas del destiempo, me han permitido ver que esta burbuja que finge alejarse de un mundo hostil, esta burbuja en la que todo parece ser respeto, comprensión, fraternidad y entendimiento, conexión, en que parece haber no otra cosa que libertad y humanidad, tiene también sus propias leyes. La percepción humana, por lo que sabemos, es falaz, percibe por proyección, no por lo que realmente pasa. Y este Camino, con el tiempo, ha creado una enorme mitología basada en siglos y siglos de historia, y en una infinidad de historias personales que parecen seguir un patrón casi infalible. La pregunta es: ¿es una realidad o una creación de la imaginación, una expectativa poderosa? ¿Existe un mundo así, o es sólo la actitud de esa expectativa la que lo crea? No hay tendencia en la pregunta. Es, objetivamente, una pregunta. Me imagino un caleidoscopio de respuestas sobre el concepto Camino, sobre la experiencia personal del Camino, alejada de la aburrida mitología de los albergues y las ampollas. Los peregrinos han creado un lenguaje, tienen una temática y una semántica propia. Foucault lo hubiera considerado simplemente una disciplina, tan excluyente como todas las disciplinas. Existe el peregrino tipo, y, según nos alejamos, nos alejamos hasta alcanzar el "no peregrino", el que no anda, sino corre, el que quizá ande hacia atrás, el que no madrugue y quizá llegue cuando las cenas ya estén servidas, el que prefiera el sol a la sombra de la mañana, el que grite, el que banalice o ría quizá en exceso, no sé. Las tipologías de no peregrinos podrían ser también infinitas.De ahí surge la Idea del documental, del caleidoscopio. Pepe y yo partimos de tres o cuatro preguntas, pero enseguida se ramifican, crecen, cambian.Un nueva maravilla está ante nosotros. No kilómetros, sino contactos con seres andantes, Quijotes y Sanchos, Dulcineas y mesoneros. El paisaje se esconde, lánguido. Y como una epifanía, la cámara se llena de gentes que cuentan.Y nosotros en Malinoskys que ya se han confundido con el paisaje.

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